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Love Story
Esta es la historia de una chica que siempre tomaba un tren para llegar a su escuela. Todas las mañanas, a las 7:00 am, ella se subía en uno de los vagones que por lo general siempre iba vacio. En realidad, su escuela quedaba relativamente cerca de su casa pero ella siempre tomaba un vagón, no porque fuera perezosa para caminar, sino porque, desde hace varios meses, la chica quería llamar la atención de un joven que siempre tomaba aquel vagón, siempre se sentaba en la parte media y comenzaba a leer, siempre, un libro diferente cada semana. De apariencia suave y distraída aquel joven no imagino jamás haber atraído la atención de una chica. Y ella, ella era demasiado tímida para hablarle y siempre sentaba detrás de él. Por lo general, ella se arreglaba de la mejor manera posible para que él la notara, pero, el permanecía sumido en su lectura diaria. Todos los esfuerzos parecían ser en vano.
Un día, la chica realmente tuvo la necesidad de subir al vagón pues se le estaba haciendo tarde para la escuela. Sin pensarlo entró corriendo al vagón y se sentó en el primer lugar que vió. Sin saberlo, el joven que tanto añoraba estaba a su lado observándola.
- ¿Estás bien? - preguntó él - te ves muy fatigada -.
La chica volteó de repente y lo observó sorprendida con los ojos muy abiertos.
- Ah..sí, estoy bien - contestó aún jadeando por el cansancio.
- Oh que bueno - dijo él y volviendo a su libro se perdió su voz en el silencio.
Ella se quedo observándolo, triste.
Ese día, ella no pudo pensar en otra cosa y decidió que al siguiente día hablaría mas con él.
Al día siguiente, con los nervios a flor de piel, la chica se sentó junto a él otra vez, él no se dio cuenta a primera vista de que ella era la chica del día anterior.
- Hola, ¿me recuerdas? -.
El joven despertó del encanto de su libro, la miró fijamente y le dedicó una ligera sonrisa.
- Ah, sí, parece que ya no se te hizo tarde -.
- Si ya no... - contestó ella ligeramente apenada.
- ¿Que estás leyendo? -.
- Ah, se llama Fahrenheit 451 - dijo él mostrándole el pequeño libro de bolsillo.
- ¿Ah sí? ¿Y de qué trata? -.
A partir de ese día ambos comenzaron a hablar todas las mañanas en aquel vagón.
Hablaban de tantas cosas, ella le hablaba de su vida diaria y él, de los libros que leía.
Incluso, él le llego a prestar muchos de sus libros.
Y así pasó el tiempo, ella pensaba que, al principio, lo cierto era que lo que la atraía de aquel joven era su presencia y apariencia pero, al conocerlo a fondo, sentía que se había enamorado de él por completo, y se preguntaba melancólicamente si él sentiría lo mismo. Un día, sintiendo que debía preguntarle, ella le propuso salir a dar un paseo y al final, cuando ambos regresaran a sus casas, se lo preguntaría.
Y aquel día, después de pasear por gran parte de la ciudad, ambos subieron a aquel vagón que los llevaría a la misma estación de donde partían siempre.
Ambos estaban un poco serios, ella parecía haber olvidado su intención de declarar sus sentimientos.
De pronto, el sol crepuscular de la tarde se escondió dando paso a una noche estelar.
- Estimados pasajeros les informamos que tendremos un "ligero" corte de la luz del vagón momentáneo, por favor no se alarmen, las luces volverán a encenderse en unos minutos - anunció una bocina cercana al techo del vagón -.
Finalmente, las luces se apagaron.
En la oscuridad latente, ni él ni ella podían ver sus rostros. De repente, ella sintió que una ráfaga de viento ligero pasaba escurridiza entre sus pequeños botas; pensando que había sido un ratón en su paseo nocturno, se aferró fuertemente al brazo del joven provocando que este volteara rápidamente y ella, a su vez, también volteó, quedando cara a cara con él, a pesar de que no podían verse en la oscuridad. Solo se escuchaba su respiración, muy suave y delicada. De un momento a otro, sin previo aviso, el corazón de ambos latía al mismo ritmo, la distancia se fue acortando lentamente, los minutos parecían ser horas, y, al final, sus labios se encontraron en un cálido y esperado beso, con los ojos cerrados, en la oscuridad inmensa, bajo el velo de la noche.









